Gloria Mundaca evoca la huella imborrable del maestro Sergio Valero en el Festival Nacional de Danza de Los Andes

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La danza nacional se encuentra de duelo tras el sensible fallecimiento del destacado maestro, docente y figura televisiva Sergio Valero Guzmán, quien partió a los 92 años dejando una trayectoria de 88 años dedicada de lleno al arte del movimiento. Valero, heredero del icónico Estudio de Baile Valero —fundado por sus padres en 1918—, marcó un hito indiscutible en la cultura chilena.

Su vínculo con la ciudad de Los Andes fue profundo y constante, especialmente por su participación en el Festival Nacional de Danza de Los Andes. Para profundizar en este legado y revivir cómo se gestó esa relación, conversamos con la creadora y productora histórica del certamen, Gloria Mundaca Ossa.

—¿Cómo recuerda el momento en que invitó al maestro Sergio Valero a sumarse al Festival Nacional de Danza de Los Andes y cómo fue la recepción por parte de él?

«Un día fui hasta su estudio para invitarle a participar con sus elencos en el Festival Nacional de Danza de Los Andes. Recibió la invitación con gran alegría y esa espontaneidad que lo caracterizaba; así tuvimos el privilegio de contar con su presencia por muchos años. Cuando llegaba a las funciones, su entrada se transformaba en una fiesta: sus elencos llenaban el escenario, pero su personalidad llenaba la platea con su carisma, su cariño, su sencillez y sus múltiples anécdotas.»

—¿Qué significado tuvo para la historia del festival el homenaje en vida que se le rindió en la comuna?

«Quiero destacar un momento que es oro líquido para nuestra historia y para su historia también, y que pinta de cuerpo entero lo que significa para las regiones: el profundo y emotivo homenaje que el Festival Nacional de Danza de Los Andes le rindió en vida. Verlo recibir el cariño de esta hermosa tierra, que valoró por años su aporte incalculable a la cultura local y nacional, fue un acto de justicia poética para un hombre que dedicó más de seis décadas a enseñar. Él solía decir que esperaba seguir bailando hasta que ‘el caballero de arriba’ lo llamara. Su compás sigue latente en cada zapatilla, en cada salón y en el corazón de todos los que tuvimos el privilegio de llamarlo maestro.»